jueves, 22 de abril de 2010

Bobby Fischer ya no descansa en paz

La herencia del el ex campeón mundial es motivo de disputa por al menos tres partes. Se ha pedido incluso la exhumación de su cadáver.

Los restos de Boby Fischer, fallecido hace dos años de forma prematura en Reikiavik, va no descansan en paz, y no sólo por la actividad del volcán Eyjafjallajokull o porque Hollywood prepare una película sobre sus proezas. Aunque el ex campeón mundial de ajedrez vivió sus últimos años como fugitivo de la justicia estadounidense y casi como un ermitaño, dejó una herencia por la que a muchos les merece la pena jugar una última partida. Al menos tres partes reclaman su parte del pastel.
Miyoko Watai, campeona de su país y secretaria general de la Federación Japonesa de Ajedrez, asegura ser su viuda. Watai fue de hecho quien acompañó a Fischer desde su arresto en Japón a su exilio en Islandia, pero ni se quedó en la isla con su supuesto marido ni, lo que es más importante, presentó nunca un certificado de matrimonio válido.
Marilyn Young, por su parte, sostiene que su pequeña Jinky, que en mayo cumplirá nueve años, es hija del hombre que acabó con el dominio soviético sobre los tableros. Las Young reclaman 140 millones de pesos filipinos (algo más de dos millones de euros). El pasado 16 de abril se presentaron en un Juzgado de Reikiavik para pedir la exhumación del cadáver. En diciembre ya estuvieron en la isla, pero entonces no pudieron demostrar la posible relación entre el genio y la joven Jinky porque el hospital donde murió Fischer no conserva ninguna muestra de ADN.
Por último, los sobrinos Targ, hijos de la hermana de Fischer, ya fallecida, también reclaman su parte del botín, que tiene varios orígenes. El premio por su victoria sobre el ruso Boris Spaskky en 1972 está más que agotado, pero el falso “match” de revancha le reportó veinte años después tres millones de dólares, manchados por el embargo y por las alargadas manos del banquero serbio Jezdimir Vasiljevic, pero igual de verdes que todos. Casualmente, el banco quebró y su dueño se refugió en Israel, pero acaba de ser deportado de nuevo a Serbia para ser juzgado por fraude. Al parecer, el piramidal sistema Ponzi era su especialidad. Fischer, sin embargo, pudo sacar el dinero a tiempo, lo que a la postre quizá le cueste una última escapada post-mortem.
Fuente: abc.es

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