sábado, 1 de mayo de 2010

El Ajedrez

UNA DE LAS CREENCIAS MÁS ESTÚPIDAS ES QUE TODA OPINIÓN ES RESPETABLE; LO ÚNICO RESPETABLE ES LA PERSONA.

Kant decía que uno de los grandes logros de la civilización es una comida con amigos hablando de filosofía.Y como era un hombre organizado, hizo incluso un esquema de cómo debería ser la conversación: un brevísimo comentario sobre la situación política, otro igualmente breve y cortés sobre la comida, e inmediatamente el debate filosófico. Pienso que el sabio alemán debería haber incluido el ajedrez entre los temas de conversación, después de haber cenado con una de las personas que más saben sobre él y mejor lo cuentan, Leontxo García. Hablamos de la conveniencia de introducir el ajedrez en la escuela, de los grandes maestros, del próximo campeonato mundial, y acabé llevándole al terreno que me interesa: lo que el ajedrez nos enseña acerca del funcionamiento de la inteligencia humana. En este momento, por ejemplo, el entrenamiento de los grandes campeones nos dice mucho sobre el futuro. En su preparación intervienen equipos de psicólogos y expertos en informática, porque se ha producido una interesante simbiosis entre el ordenador y el ajedrecista. El 11 demayo de 1997, Deep Blue, una computadora de IBM, derrotó por primera vez a un campeón del mundo de ajedrez, Gary Kasparov. El asunto produjo una gran comoción.¿Había sido humillada la inteligencia humana por una máquina? Confieso que a mí, más que alarmarme,me intrigó. ¿Qué tenía de especial ese programa de ordenador para haber conseguido, por fin, vencer al mejor jugador del momento?Una computadora de ajedrez incorpora dos funciones básicas: una función de cálculo y una función de evaluación. Deep Blue era capaz de calcular 200 millones de posibles jugadas por segundo. Apabullante. Pero esa potencia no sirve para nada si no se tiene un criterio válido para seleccionar, entre esa inmensa cantidad de posibilidades, la mejor. La función evaluadora era, al parecer, la que había mejorado sustancialmente en el programa vencedor. De aquí se puede extraer una gran enseñanza: la inteligencia humana tambien juega con dos funciones. La primera es la producción de ocurrencias, de ideas, de cálculos, de programas, de proyectos. La segunda y definitiva es la función evaluadora. De nada vale que tengamos mucho donde elegir si no sabemos separar el grano de la paja. Algunos comentaristas se extrañaron de que en el texto de filosofía que escribí para bachillerato dedicara mucho espacio a explicar los criterios de evaluación en cada uno de los campos de la acción humana: científico, artístico, histórico, político, ético. Reclamar la necesidad –y por supuesto, la posibilidad– de establecerlos es la única forma de luchar contra el "engreimiento del ignorante", que piensa que todas las opiniones son iguales.Una de las creencias más estúpidas –y por ello peligrosas– que se han instalado en nuestra sociedad es la de que "todas las opiniones son respetables". Lo único que es respetable es la persona que opina, no lo que dice, que puede ser una majadería o una aberración.Y la única forma de saberlo es someterlo a unos rigurosos sistemas de corroboración y evaluación. Ahora pienso que Kant no tenía por qué incluir el ajedrez en los temas de conversación, junto a la filosofía, porque ambas cosas van inevitablemente emparejadas.
Fuente: José Antonio Marina.lavanguardia.es

No hay comentarios: