domingo, 9 de mayo de 2010

Mitos del Ajedrez ¿sin relevo?

El ajedrez sigue produciendo grandes talentos, pero no alcanzan la dimensión de Fischer, Karpov o Kasparov

El ajedrez moderno es un deporte lleno de héroes: el venerable alemán Lasker, matemático y filósofo; el intuitivo cubano Capablanca, de quien se cuenta que jamás se preparó una partida; el excesivo ruso Alekhine, impetuoso en el tablero y de vida turbulenta... Todos fueron campeones del mundo y todos cargaron con muchas leyendas a cuestas. Pero en el Olimpo de los jaques, nadie ha alcanzado aún la mítica estatura de tres ajedrecistas del siglo XX que rompieron la barrera de su mundillo y llegaron a ser fenómenos sociales: el americano Bobby Fischer y los soviéticos Anatoly Karpov y Garry Kasparov.
Robert J. Fischer (Chicago, 1943-Reikiavik, 2008) disputó en la capital islandesa el llamado 'Match del siglo'. Fue en 1972 frente al titán soviético Boris Spasski. Fischer se zambulló en el ajedrez a los seis años y ya no salió jamás a la superficie. Ganó aquel memorable y politizado duelo, fue campeón del mundo y luego perdió su corona por querer imponer demasiadas condiciones para defenderla, tres años más tarde, ante Karpov. Fischer se retiró, pese a las millonarias ofertas que recibió para volver al circuito. Misántropo y desaliñado, con aires de vagabundo, acabó sus días en Islandia, víctima de su propia genialidad.
Si Fischer jugó la partida más recordada, Karpov y Kasparov mantuvieron el duelo sostenido más electrizante. «No sólo eran dos de los mejores ajedrecistas de todos los tiempos -explica Leontxo García-, sino que además mantuvieron la mayor rivalidad de la historia del deporte». García no cree exagerar: «Se puede demostrar con cifras. Durante los seis años que duró su enfrentamiento (del 84 al 90), estuvieron 500 horas compitiendo frente a un tablero e infinitas más pensando el uno en el otro. Disputaron muchísimas partidas, con una igualdad máxima». Para colmo, Karpov, un chico ruso de suaves modales, miembro del Partido Comunista y favorito de la vieja guardia, era la antítesis política de Kasparov, un impulsivo joven azerbayano afín a los ideales de cambio que traía Mijail Gorbachov. «Por eso -explica Leontxo-, desde el punto de vista mediático, es muy difícil que volvamos a revivir la expectación de aquellos duelos».
Fuente: eldiariomontanes

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