lunes, 28 de febrero de 2011

El jaque complutense

Ruy López de Segura, considerado el primer campeón mundial de ajedrez de la historia, publicó en Alcalá hace hoy 450 años la que pasa por ser ‘biblia’ de este juego.

El ajedrez no sería el mismo hoy en día sin Ruy López de Segura y su ‘Arte del juego del Ajedrez’, impreso en Alcalá el 28 de febrero de 1561. Hoy, por tanto, se cumplen 450 años de la aparición de este libro, que revolucionó el juego y puso a España en el mapa mundial de los 64 escaques, según todos los especialistas. Más allá de ese círculo, tanto el libro como el personaje, son unos desconocidos. No obstante, López de Segura, niño prodigio, gramático, consejero real y primer campeón del mundo oficioso de ajedrez, fue todo un modelo de hombre renacentista.


La genialidad de Steinitz, Capablanca, Alekhine, Fischer, Karpov, Kasparov, Anand y otros campeones mundiales de ajedrez es deudora, en parte, en los conocimientos amasados en el siglo XVI por el religioso extremeño Ruy López de Segura, que dio a la imprenta alcalaína de Andrés de Angulo su Libro de la invención liberal y arte del juego del Ajedrez, muy útil y provechosa para los que de nuevo quisieren deprender a jugarlo, como para los que ya lo saben jugar. Una “joya de la historia de ajedrez universal”, en palabras de Luis Gabriel Sánchez, presidente del club municipal de Ajedrez de Alcalá y responsable de la escuela de ajedrez del colegio Gredos San Diego, que dedicará una jornada lúdico-educativa a esta obra en la mañana de hoy, jornada en que se conmemoran los cuatro siglos y medio de su impresión.

Sabio y cosmopolita, como buen hijo de su tiempo, poco se sabe de la estancia de López de Segura en Alcalá, nacido en torno a 1527 en la localidad pacense de Zafra. Y de ese poco, el historiador y verdadera eminencia española de ajedrez, Joaquín Pérez de Arriaga, que hoy dará una conferencia en el Gredos, es su mayor conocedor. “Era profesor de Latín, la lengua que utilizaban los universitarios, así que debía estar vinculado a la Universidad de Alcalá, que era una de las más importantes de la época. Además dedicó su obra a don García de Toledo, que mandó construir en Zafra el palacio que ocupa hoy el Ayuntamiento, y que se encontraba en aquel momento en Alcalá como ayo del príncipe Carlos, hijo de Felipe II, que residía en el palacio Arzobispal”, explica Pérez de Arriaga.


Antes de llegar a la ciudad complutense, el clérigo de Zafra, como fue conocido después, era ya una celebridad. Hijo de una familia acomodada, desde muy niño demostró que estaba superdotado para el ajedrez, afición que le inspiró Damiano, un teórico del ajedrez de comienzos de siglo, y que desarrolló de manera paralela a sus estudios y su carrera religiosa. En 1560 viajó a Roma para asistir la elección del Papa Pío IV; y allí derrotó a los mejores ajedrecistas de Italia, ‘superpotencia’ del ajedrez del momento. Por esta gesta, más otras victorias brillantes en años posteriores sobre los mejores jugadores de España e Italia, se le tiene como el primer campeón mundial de ajedrez. Y precedido por esta fama, además de por sus estudios y sus servicios a la corte, transcurrió el resto de su existencia, que tuvo su fin en la capital del reino hacia 1580, aunque no existe claridad a este respecto en cuanto a fechas, como sucede con buena parte de su biografía.

Las hazañas sobre el tablero del clérigo de Zafra, sin embargo, no fueron tan trascendentales como las claves que reunió en su Arte del juego de Ajedrez. “Si López de Segura hubiera nacido en Francia o en Alemania, sería objeto de permanentes homenajes”, afirma Leontxo García, uno de los grandes nombres del periodismo deportivo español y en especial de la crónica periodística del ajedrez. “Fue un humanista, un hombre de saber, que llegó incluso a publicar una gramática, y que además puso las bases del ajedrez; sus ideas todavía siguen vigentes”, cuenta el periodista.

Fundamentalmente, el gran valor de esta ‘biblia’ ajedrecística reside en su capacidad para establecer “el sistema de enseñanza de las aperturas”, en palabras de Pérez de Arriaga. López de Segura recopiló todas las maniobras y técnicas para fijar “la línea principal” de juego. Pero además añadió muchos movimientos de su propia cosecha.

“Inventó dos docenas aperturas”, explica el historiador, que no le atribuye, como sostiene la literatura oficial del ajedrez español, la famosa ‘apertura española’: “Fue obra de Lucena [tratadista y jugador de ajedrez español] en 1497. Pero esto no le resta méritos a López de Segura, que diseñó muchas variantes y cimentó una teoría que fue referencia y espíritu del ajedrez durante más de dos siglos, hasta que Philidor [músico y ajedrecista francés], a mediados del siglo XVIII, tomó el relevo con nuevos tratados de aperturas que dieron un renovado impulso al ajedrez”.

Leontxo García, por su parte, considera que la vida y obra de Ruy López de Segura constituyen la última gran aportación de España al ajedrez. “Los musulmanes introdujeron en torno al siglo VIII el juego, que en principio solo era para las élites. Pero fue aquí en la península donde se se hizo interétnico e intercultural, pues cristianos y judíos comenzaron a jugarlo, al igual que ricos y pobres, una convivencia que recogió el rey Alfonso X en su famoso tratado Juegos diversos de axedrez, dados, y tablas. Más tarde, en el siglo XV, se dieron aquí importantes impulsos al ajedrez moderno, introduciéndose, por ejemplo, la dama, dicen que inspirada en la reina Isabel la Católica”.

El tratado del zafrense representó, así, el ‘jaque’ complutense dentro de la aportación hispana a la historia del ajedrez: su proyección a toda Europa y a América desde el imperio de los Austrias, para el que Alcalá, con su imprenta y su universidad, era una ciudad estratégica.
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